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10 causas para NO beber con bombilla plástica (la #7 te hará dejarlas definitivamente )

Bastantes ocasiones llegan instaladas en nuestras bebidas sin preguntar. Altivas y orgullosas, aguardando apaciblemente por nuestros labios. Los jóvenes acostumbran celebrarlas y simultáneamente, doblarlas, morderlas sin consideración (ni respeto), mientras nosotros las besamos, succionamos y tiramos sin a penas fijarnos en ellas. Solemos beber con pajita sin pensarlo dos ocasiones, pero comúnmente no las requerimos. Y representan el 4% de la (demasiada) basura que hay en los océanos.

Pero ¿por qué tanto alboroto por algo tan insignificante como las pajitas?

Comencemos desde el principio…

Breve nota histórica sobre las pajitas, cañitas, popotes, pitillos, bombillas, sorbetes…

Acertadamente, pajita es solo uno de los infinitos nombres que asumen estas señoritas en español. Y aparentemente son un proyecto de la más lejana antigüedad.

Historia del acto de beber con pajita

Parece que la imagen de arriba es la primera representación artística del acto de beber con pajita y fue encontrada en la tumba de la reina Puabi en la antigua ciudad sumeria de Ur. También se han encontrado elegantísimas pajitas hechas de oro, playa y lapislázuli, como la que ves a continuación, también de origen sumerio.

Invención de las pajitas de beber

En Sudamérica, los indios guaraníes acostumbraban beber con pajita vegetal el mate (¿o deberíamos decir más bien bombilla?) mucho antes de la llegada de los colonizadores europeos.

En el siglo XIX se usaban pajitas vegetales (¡de caña de centeno, que ahora han vuelto!) pero se ablandaban fácilmente con la humedad, así que Marvin C. Stone (un inventor y fabricante de boquillas de cigarrillos) decidió solucionar el asunto inventando la primera pajita de papel. 

Desde luego, a mediados del siglo XX llegaron las  pajitas de plástico desechable, hechas para durar una eternidad pero para usarlas unos instantes. A costa de ser baratas, y con argumentos de falsa higiene, se han hecho omnipresentes en la restauración mundial.

10 causas para decir NO a las pajitas de plástico 

1. Se calcula que en USA se consumen 500 millones de pajitas todos los días, bastante más de 1.5 pajitas per cápita.

2. En España, Greenpeace proyectó que se consumen 13 millones al día. 5 mil millones al año. No es necesario más que ofrecer un recorrido por la playa con los ojos bien libres para corroborar las dimensiones del inconveniente.

3. La imagen de la cabecera de este artículo es el resultado de una limpieza de playa, estructurada en verano de 2018 por Zero Waste Network Barcelona, a lo largo de  unas dos horas. Sin lugar a dudas,  muchas de esas pajitas hubieran acabado en el mar, de no ser porque las recogieron. Y es lo que sucede el resto de los días del año.

4. Normalmente las pajitas están hechas de polipropileno o de poliestireno, dos plásticos que se reciclan muy bien. El inconveniente es que al ser tan estrechas y ligeras, acostumbran caerse, tirarse descuidadamente al suelo, escaparse de la cadena de selección, etc. De esta forma, la mayor parte escapa del período de reciclado.

5. En el mar flotan bastante más de 5 billones de piezas de plástico que pesan bastante más de 250,000 toneladas. Los residuos plásticos representan de un 60 a un 80% del total de residuos que están en el mar.

6. Año tras año, las pajitas están entre los 10 residuos encontrados con más continuidad en las limpiezas de playa. Ocean Conservancy cree que representan el 4% de la basura que está en el mar.

7. Una pajita en la mitad de la naturaleza puede provocar estragos en la fauna: está documentado extensamente que causan lesiones graves en fosas nasales, ojos o garganta, y también tienen la posibilidad de ocasionar la desaparición por atragantamiento. Se calcula que todos los años mueren por lo menos 1.000.000 de aves marinas y 100 mil mamíferos marinos y tortugas por culpa del plástico

8. Si no terminan incrustadas en el interior de un animal, se degradan en microplásticos que contaminan el agua, entran en la cadena alimenticia cargados de sustancias tóxicas, y causan patologías en seres vivos, incluidos nosotros, los humanos.

9. Usamos cada pajita a lo largo de solo unos minutos y después va a parar, si hay suerte, a una papelera. Todo el desarrollo de extracción de la materia prima, construcción y transporte, más todos los elementos invertidos en el desarrollo, además van a la basura.

10. La enorme mayoría de la gente no requerimos una pajita para beber (aunque tienen la posibilidad de serlo para personas que tienen movilidad achicada o con algunas patologías). Y si verdaderamente deseas beber con pajita o la necesitas llevar a cabo por alguna razón, hay elecciones que no tienen el mismo encontronazo ambiental… ¡Y está en tus manos llevar a cabo el cambio! 

Beber con pajita, sí. Pero que sea una pajita ecológica

Existe quien cree que el movimiento contra las pajitas es muy extremista, mientras para otros es todo lo contrario: bastante “relajado”. Yo lo veo, sencillamente, como un residuo muy inservible y bastante simple de evadir para no ofrecerle guerra. La verdad es que además agrada que cada quien consiga su punto de equilibrio y me encanta que haya elecciones más sostenibles a las pajitas desechables de plástico. Porque no son primordiales, pero tampoco son necesarios los atentos o las pulseras, y eso no significa que no logre usarlos quien desee.

Pero no es ecológico beber con pajitas desechables, por más que logren ser biodegradables y tener varios sellos de sostenibilidad, si fuera la situación.  Todo producto desechable es un desperdicio de elementos (materia prima, agua, energía, mano de obra). Y toda esa inversión para llevar a cabo algo de utilizar y tirar es una enorme tontería, aunque nos lo vendan como un plástico biodegradable.

De hecho, hay que acordarse que varios materiales biodegradables, únicamente se degradan bajo condiciones muy particulares, que no tienen dentro un vertedero habitual ni la playa. Además, por lo general se utilizan aditivos en su construcción para hacerlas resistentes al agua, entre otras cosas, y estos tienen la posibilidad de tener efectos negativos tanto para la salud como para el medio ámbito. Además hay pajitas comestibles pero hasta que no se demuestre lo opuesto, no pienso que sean muy saludables (un especial ejemplo de un producto súper procesado y lleno de azúcar).

Tienen la posibilidad de ser una opción “menos mala” para bares y sitios de comidas que desean achicar su huella ambiental. Porque proponen una  alternativa de coste barato subjetivamente bajo y les impide la limpieza de las reutilizables, aunque suponen un consumo continuo de elementos. Por eso siempre va a ser conveniente que la materia prima sea vegetal, en vez de que sigamos ayudando con el negocio de los hidrocarburos para elementos tan temporales.

Sin embargo, lo mejor sería que invirtieran en unas pajitas reutilizables. Y hay muchas elecciones en www.pulizia.cl vas a encontrar  varias muestras de pajitas reutilizables de:

Acero inoxidable: son hermosas, las más resistentes, no retienen el gusto de las bebidas, se lavan espectacular (incluso en el lavavajillas). El acero no es por su cuenta un material ecológico (su extracción y producción tiene una considerable huella ecológica) pero en cambio puede permanecer para toda la existencia, por eso esa huella se puede amortizar de sobras. Unas pajitas que, verdaderamente, tienen la posibilidad de heredar tus nietos (¡o los de tus amig@s!). Además, el acero se recicla realmente bien.

Pajitas de bambú: hablamos de un material con un mínimo encontronazo ambiental en su construcción, ya que el bambú es una planta que crece muy ágil, absorbe bastante CO2 en su desarrollo, y si se cultiva en su ámbito natural, no requiere superiores cuidados ni riego. Aunque más bien es una hierba que se hace muy fuerte al crecer, Greenpeace la tiene dentro en su lista de Buenas maderas porque piensa una opción increíble a esta.

 

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